En la recorrida de
los miércoles me encontré al portero de la tarde solo en un salón,
tratando de leer un librito de tapas verdes. Me sorprendió verlo
así, ya que sus gustos literarios no pasaban de la sección
espectáculos bizarros del diario local. Más me sorprendió cuando
veo que se trataba de uno de los libros de Freud que utilizan los
estudiantes de psicología, ahí la curiosidad le ganó a la
prudencia y me arrimé a por lo menos felicitarlo. “¡No entiendo
nada Viñales! ¡Estoy al horno con papas!” me frenó en mi camino
al salute, “Mañana tengo un psicolaboral para entrar al
frigorífico que están tomando gente y no tengo idea de nada. ¿Qué
hago Viñales? ¡Voy a ser portero toda la vida!”
Traté de
tranquilizarlo, “Mirá, no es tan difícil. No tenés que estudiar
nada. Un psicolaboral básicamente consta de una serie de pruebas y
juegos que tienen que ver con tus habilidades y sobre todo si sos
apto para el puesto. Tratándose de un frigorífico y no siendo un
puesto jerárquico, las pruebas no son tan intensivas. Tratan de ver
si no consistís en una amenaza para la sociedad , nada más. Si
llegaste a esa instancia, es casi seguro que el trabajo es tuyo a
menos que detecten que estás loco como una cabra, y dado lo poco que
te conozco creo que sos un buen tipo, cumplidor y derecho, que no vas
a tener problemas.”
El rostro del
portero se aflojó y recuperó la calma, se sacó los anteojos y se
los devolvió a la secretaria. “Muchas gracias Viñales. Me
devolviste el alma al cuerpo. Nunca hice un test para entrar a una
empresa y creí que se trataba de un examen como la escuela o algo
peor. De nuevo , muchas gracias. Mañana a la tarde te cuento como me
fue.” Y salió más relajado. Terminé la recorrida, obviamente
recibiendo los consabidos gritos de María Eva, que eran como el pan
de cada día y me fui a casa.
El día transcurrió
como siempre, trabajo, casa, la irakí y su comida explosiva, etc,
etc. Al otro día, después de hacer los trámites de rutina me
acerqué en horas de la tarde a la escuela a ver que había pasado
con el portero. Lo encontré en la portería solo, fumando sin parar
y con un blister de medicación casi vacío. Me preocupó verlo así
y decidí evitarlo. Cuando ya estaba saliendo de la escuela me gritó
como un trueno “¡Viñales! Vení por favor. Dale vení que tengo
que decirte algo.” El grito del portero había atraído la atención
de casi todos, y percibí en el aire que todos menos yo, estaban al
tanto de los motivos del malestar del portero. Repasé mentalmente
que podría ser que me involucraba directamente y decidí preguntarle
de lejos. “¡Eh! ¿Qué tal, como te fue ayer? Justo iba a
preguntar…!” “¡Viñales! Me mandaste al muere Viñales.” me
cortó a los gritos.
Antes que pueda
preguntar qué pasó, me ametralló con el relato casi sin respirar.
“¡Una prueba nomás!¡Unos jueguitos! Me dijiste que era una
estupidez, un trámite, ¿sabés que me hicieron? Me hicieron jugar
al mecano, me hicieron dibujar boludeces ¡Odio dibujar Viñales!
¿Para qué mierda necesita un despostador dibujar a un boludo abajo
de la lluvia me querés decir? ¡Me agarraron para la joda Viñales!
“ Ahí se empezó a acercar señalándome con el dedo mientras de
los salones se asomaban más maestras y alumnos. “¿Pero sabés
cuál fue la frutilla del postre? La hija de puta de la psicóloga
sacó unos dibujitos de una caja, que cualquiera de los anormales
que viene a estudiar a esta pocilga podría hacer mejor. Me mostró
un montón de mariposas, murciélagos y bichos aplastados. Pero lo
que colmó el vaso, fue uno que tenía dos travestis africanos
cocinando algo. La boluda me preguntaba dónde mierda veía los
travestis, y agarré la tarjeta y le señalé la porongas y las
jetas, esas jetas así que tienen los negros, como los pacuses
¿viste? Como el boludo ese que vino una vez a cortar los yuyos
¡Viñales acordate! Bueno no importa, y la boluda empezó a
preguntar que estaban cocinando los travas. ¿Que se yo que cocinaban
los trabucos? ¡Algún boludo que cazaron y que se iban a comer! No
sé como programan las comidas esos negros maracas. Y me calenté. Me
parecía que la tipa me estaba agarrando para la joda porque anotaba
cosas en una libretita y me sacaba fotos con el celular. ¡Y me
saqué! ¡Le tiré la libretita y el celular a la mierda y dos
morochos me agarraron y me sacaron a patadas en el culo! Me
denunciaron ….¡ME DENUNCIARON VIÑALES! Por eso quería estudiar
el libro boludo. María Eva me había señalado qué tenía que
contestar en cada lámina y ya estaba llegando cuando apareciste VOS
y me hiciste el chamuyo de que no era para tanto y toda esa mierda.
¡Tomatelas Viñales porque el alplax no está haciendo efecto!
¡Tomatelas!” y lo agarraron entre el profesor de gimnasia justo
cuando se me venía encima. Se desmayó en el acto y se lo llevó el
albañil en el rastrojero al hospital. Me estaba yendo desapercibido,
lo más desapercibido cuando la voz de María Eva me rescató del
anonimato como un tirón de pelos “¡¡¡¡VIÑALES!!!!¡¡¡Vení
a la dirección ya!!!
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